Las cortinas no solo decoran: también regulan la luz y la comodidad de la habitación. En verano conviene que dejen pasar el aire y la luz, y en invierno que protejan del frío y de las corrientes. Cambiar entre cortinas ligeras y pesadas según la estación es una costumbre antigua que mejora la comodidad de la casa y protege las telas del desgaste, si se hace con un poco de cuidado.
Ligeras en verano, pesadas en invierno
Las cortinas ligeras, de lino, de algodón fino o de gasa, dejan pasar la luz y la brisa y dan sensación de frescor. Las pesadas, de tela gruesa, forradas o de terciopelo, aíslan mejor del frío, del ruido y de la luz. Decide cuándo hacer el cambio según el clima de tu zona y tus necesidades, sin esperar a un día fijo.
Antes de guardar las cortinas de temporada, sacúdelas y pásales la aspiradora con un cepillo suave. Lávalas o llévalas a la tintorería según la etiqueta. Plánchalas ligeramente, si es necesario, y déjalas secar bien. Nunca guardes cortinas húmedas, porque el moho aparece muy rápido y mancha la tela de forma difícil de quitar.
Dobla las cortinas con cuidado, sin marcas fuertes, y guárdalas en una bolsa de tela o en una caja limpia, en un lugar seco. Puedes envolverlas en papel de seda para evitar pliegues marcados. Evita las bolsas de plástico cerradas, y añade una bolsita de lavanda o de cedro para mantener alejadas las polillas.
Al colgar las cortinas de la nueva temporada, comprueba las anillas, los ganchos y los rieles, y limpia la barra con un paño. Deja que las cortinas caigan solas, para que las arrugas se estiren con el peso. Si notas que alguna tela está desgastada o descolorida, repárala o sustitúyela. Así, cada estación tendrá sus cortinas, y la casa estará siempre a gusto. Si tienes visillos, puedes dejarlos como capa intermedia todo el año. En primavera y en otoño, con una cortina ligera y otra pesada colgadas juntas, es fácil ajustar la luz y el abrigo día a día.