Un color de toalla para cada miembro de la familia

Ilustración de un paisaje

En una casa con varias personas es fácil que las toallas se mezclen, se usen sin querer o se dejen mojadas en cualquier sitio. Un truco sencillo es dar a cada miembro de la familia su propio color. Así todos saben cuál es la suya, se reduce el desorden en el baño y las toallas se lavan mejor. Lo mejor es que no exige mucho tiempo ni una gran organización.

Un sistema fácil

Elige un color claro y reconocible para cada persona, sin repetir tonos parecidos que se puedan confundir. Los colores vivos, como el azul, el verde o el naranja, se distinguen mejor que los tonos apagados. Si no tienes toallas de colores, puedes coser una cinta de color en una esquina de cada una, para que se reconozcan enseguida.

Coloca un gancho o una barra para cada persona, a la altura adecuada, con espacio para que la toalla cuelgue extendida y se seque bien. Si hay niños, ponlos más bajos, para que puedan colgar la suya sin ayuda. Colgar cada toalla en su sitio ayuda a que se seque entre usos y a que no huela a humedad.

Lava las toallas de cada color juntas, o con otras del mismo tono, sobre todo al principio, porque las toallas nuevas pueden desteñir. Sigue la etiqueta y usa un poco de detergente, sin excederte, para que no queden restos que endurezcan el tejido. Sécalas bien antes de doblarlas y guardarlas, para que no cojan olor.

Cambia las toallas con regularidad, aunque parezcan limpias, y ten siempre un juego de repuesto. Los invitados también agradecen tener su propio color en la casa: reserva un par de toallas de otro tono para las visitas. Con este sistema, el baño está más ordenado, cada persona sabe qué toalla puede usar y nadie tiene que preguntar. Si a alguien no le gusta el color que le ha tocado, se puede cambiar. Lo importante es que cada uno tenga el suyo y que todos lo conozcan. Así los niños también aprenden a cuidar sus cosas y a colgar la toalla después de usarla.